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Los datos avalan el éxito de las medidas en la Universidad de Valladolid con un aumento del 13% de los estudiantes que superan los estudios, pero el alumnado aún ve muchos fallos a mejorar

Unificación de criterios educativos. Desde la

implantación del plan Bolonia, en septiembre

de 2010, ha habido una mejora en la calidad

educativa. Los datos y estadísticas que las

universidades ofrecen avalan la eficacia de 

este plan de estudios; durante los 10 años

de vigencia de Bolonia, ha habido un aumento

porcentual del 13% de estudiantes que han

superado la carreraAlgo tan necesario, y a

la vista tan sencillo como la existencia de un

denominador común en la enseñanza

universitaria, tardó 11 años en hacerse

efectivo, desde que en 1999 se pusiera en

marcha este proceso en la reforma universitaria, hasta su definitiva implantación en 2010.

En 1999 se reunieron los ministros de educación de los diferentes países europeos para firmar lo que se conoce como la Declaración de Bolonia. Se trataba de un proceso de cambio hacia una educación de enseñanza superior en las universidades, orientadas a seguir un marco común que facilitara la movilidad de los estudiantes por todo el continente. Este proceso, denominado como Plan Bolonia, supuso una gran cantidad de cambios en el panorama universitario europeo.

Bolonia no solo cambió la durabilidad de los estudios, también provocó que el estudiante pasará a ser un agente activo. Esto fue por la implantación de la evaluación continua, donde el alumno tiene que demostrar durante todo el curso los conocimientos que va adquiriendo a través de trabajos y prácticas. La nota del estudiante pasó a tener muchas más variables y no estar supeditada a un único examen.

Cristina Pérez, antigua secretaria general y subdirectora de estudiantes de la Universidad de Valladolid, y actual docente en el grado de ingeniería industrial cree que, hoy en día, se tienen “unos planes bastante dignos” y que las titulaciones tienen el suficiente “reconocimiento”, algo que considera “fundamental”. “Era necesario porque ya teníamos una Europa única, sin fronteras, un montón de desplazamientos por trabajo entre los distintos países de la comunidad, y lo que no tenía sentido era que el espacio educativo no estuviera compartido. La idea por ello me pareció fantástica”, explica.

Para conocer un poco como ha sido esa adaptación del sistema universitario es necesario conocer una serie de términos y poder así, entender cómo han evolucionado las variables en esta primera década del Plan Bolonia. La tasa de rendimiento hace referencia a las personas que se gradúan con respecto a los que se matriculan, es decir, el porcentaje de alumnos que consiguen superar los estudios de forma satisfactoria.

Desde que se implantase el Plan Bolonia en 2010, la efectividad de este plan de estudios ha quedado patente: incremento de matriculaciones, mejora en la calidad educativa y el aumento porcentual en la tasa de rendimiento, anteriormente mencionada. Cristina Pérez, achaca a este crecimiento porcentual a la combinación de tres factores: “la implementación de un carácter educativo más práctico, grupos más reducidos y la actualización constante del plan educativo”. Además, otra variable que puede haber influido es el cambio del calendario académico: “el adelantar la segunda convocatoria a continuación de la primera aumentó el porcentaje de presentados. Pasarlo a julio supuso una mejora de las calificaciones”, afirma la docente.

Sin embargo, esta tasa de rendimiento varía según el campo de estudio (humanidades, 81%, ciencias de la salud 90%, ingenierías 67% y ciencias 72%). Cristina Pérez considera que esta diferencia está relacionada con la nimiedad en las notas de acceso, la dificultad y la motivación.

 

 

 

 

Elaboración propia // Fuente: Portal de transparencia de la UVa

Además, debido a estos factores y a la tasa de rendimiento anteriormente mencionada, la tasa de abandono (porcentaje de alumnos que dejan la carrera) es superior en las carreras de ingenierías y ciencias.

Esto se ve reflejado en los datos, donde por ejemplo en el curso 2013/2014 únicamente el 7,3% de los alumnos de

ciencias de la salud deciden abandonar los estudios, mientras que 1 de cada 3 estudiantes de ingeniería no acaban la carrera, representando estos el 32,1%.  “La circunstancia de partida de cada estudiante no es homogénea, te replanteas más dejar la carrera con una nota de corte de 5 que con un 12”, añade la exsecretaria general.

RELATIVIZAR EL FRACASO

Quizás, uno de los mayores desafíos de la sociedad moderna. En septiembre del año 2015, Guillermo Gallegos, actual estudiante de periodismo en la Universidad de Valladolid, arrancaba sus estudios de ingeniería industrial en la UVa. “Al principio era un mar de dudas, no sabía con certeza que estudiar. Entré por inercia: en los dos años de bachillerato, me había decantado por la rama de ciencias, aunque mis notas en las asignaturas de letras eran superiores”, aseguró.

A las pocas semanas, ya con el curso iniciado, tenía claro que ese grado no era lo suyo: “Las clases me parecían aburridísimas, no me interesaban en absoluto. Además, mirando al futuro no me gustaba lo que veía; estar 25/30 años dedicado a un campo laboral que no me iba a llenar, es ahí cuando empecé a plantearme dejar la carrera al término del curso escolar”, afirmó.

La tasa de rendimiento en Ingeniería es de un 67% desde el curso 2010/2011, mientras que, en otros grados universitarios, como ciencias de la salud y humanidades, aumenta hasta el 90 y 83 por ciento respectivamente. Guillermo atribuye esta diferencia porcentual a la suma de diversos factores: “Hay que tener en cuenta la nota de corte y el número de plazas que tiene cada carrera, en Valladolid acceder a ingeniería no es difícil ya que esa nota de acceso se sitúa cada año en un 5 sobre 14. A esos factores hay que sumar la exigencia por parte de los profesores y un mayor trabajo individual por parte del alumnado”, señala.

Era recurrente la broma entre los propios estudiantes de que, "si eres un buen estudiante, la carrera la acabas en 8 años”. En este grado la media de años, desde la matriculación del alumno hasta su graduación, es de 5 años. Mientras que en carreras como enfermería, periodismo y derecho cumplen los 4 años estipulados desde la implantación del Plan Bolonia.

Partiendo de la base del “todo es mejorable”, Guillermo tiene claro cuáles son los puntos fuertes y débiles del Plan Bolonia: “El Plan Bolonia deja más trabajo al estudiante, y eso en el fondo es positivo. En una universidad tu estudias lo que quieres, la responsabilidad recae sobre el alumno, eso hace que el nivel de exigencia del estudiante aumente y su rendimiento y evolución cognitiva mejore”, sentencia.

Ante esta situación la profesora Cristina Pérez se muestra también algo dubitativa, aunque si bien es verdad que piensa que otros factores que pueden llegar a influir es la vocación del alumno y la dificultad de estos grados universitarios.

Del mismo modo, la docente señala que estos últimos factores pueden estar relacionados con la duración que tarda un alumno en sacarse la carrera. Además, la docente universitaria afirma que, en ingeniería al tener un alto porcentaje de suspensos y el hecho de no poder presentar el TFG hasta tener todo aprobado, hace que los alumnos dediquen el quinto año a poder realizar el proyecto de fin de carrera más tranquilamente.

Es por todo esto que Cristina Pérez recalca que ha habido “mucho esfuerzo detrás” para que la implantación del Plan Bolonia “funcione”. “El preparar una asignatura no es fácil, entonces, el cambio de actividades, pensar qué temarios son los más adecuados, incluir las prácticas en empresa… Creo que en todos los centros eso fue una gran revolución. Había muchas titulaciones que no tenían prácticas y ahora son obligatorias, aunque en un principio no se planteó así. Han sido cosas importantes y creo que es muy interesante que a los estudiantes les favorezca tener un pequeño contacto con la realidad de un entorno laboral antes de salir al mercado”, asegura.

LA OPINIÓN DE LOS ESTUDIANTES SUSPENDE A BOLONIA

El Plan Bolonia es cierto que ha mejorado estadísticas del terreno educativo como puede ser la tasa de rendimiento. Pero como cualquier plan y aspecto de la vida, nada es perfecto. Bolonia no ha conseguido cimentar un sistema de educación equitativo y consolidado, y los estudiantes remarcan algunas grietas que, solucionándolas, pueden favorecer a un mayor número de éxitos y participación en los grados universitarios. A través de una encuesta realizada por este grupo de investigación a 25 personas, se ha podido comprobar que los estudiantes actuales y los que completaron sus estudios con este plan ven algunas fallas que no se ha conseguido arreglar.

 

 

 

 

 

 

 

Elaboración propia // Fuente: datos recogidos de la encuesta realizada

 

Para la mayoría de los encuestados, Bolonia no supuso un incremento en el rendimiento universitario (40,9%), mientras que el 30,8% sí que ve una mejora en la productividad del alumnado. Lo que demuestra que los estudiantes no relacionan al Plan Bolonia con la mejora de la tasa de rendimiento y esta esta sujeta a otra serie de factores y variables. 

 

Dentro del porcentaje de personas que si ven una evolución positiva en el rendimiento, el 46,2% no lo correlacionan con una mejoría en la calidad de la enseñanza. Una de las preocupaciones que remarcaron los encuestados fue la falta de asignaturas u horas prácticas que sigue patente en los grados universitarios: “Incluiría más asignaturas prácticas en el período universitario. La teoría (muchas veces inservible para el futuro laboral) abarca mucho tiempo de la carrera universitaria”, un pensamiento bastante recurrente en los pasillos de las facultades.

 

Elaboración propia // Fuente: datos recogidos de la encuesta realizada

 

Otra de las principales quejas del estudiante medio es la multitud de profesores que pueden llegar a impartir una misma asignatura: “La modificación de la cuota de matrícula es algo muy necesario, además de la mejora en la contratación de profesores, hay ocasiones en que para impartir una asignatura tenemos cuatro profesores, los cuales la mayoría son asociados y se encuentran en situación precaria”, afirma uno de los encuestados.

Al final, el alumnado exige una igualdad en todos los ámbitos de la educación. Por ejemplo, la unificación de las asignaturas en las carreras de todas las universidades: “Es una de las cosas que deberían existir para facilitar los cambios de expediente, ya que Bolonia nació para eso y no se cumple”, opinan los estudiantes.

Las estadísticas no dejan lugar a duda. El plan Bolonia pasa el examen con nota de sobresaliente: ha logrado un mayor porcentaje de rendimiento y de éxito en los alumnos, y ha reducido el número de abandonos en la mayoría de los grados universitarios. Aun así, y como todo plan, tiene sus fisuras. No en vano, estos diez años de implantación han servido como experimento determinista. No han dejado lugar a la improvisación, y se ha obtenido como resultado un fruto tremendamente productivo que demuestra la eficacia de este plan de estudios.

DESCARGA AQUÍ EL EXCEL DE LOS MATRICULADOS Y EGRESADOS EN LAS UNIVERSIDADES PÚBLICAS DE CYL

Si quieres acceder al portal de transparencia de la UVa, pincha aquí.

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Facultad de ingeniería de la Universidad de Valladolid // Foto: Google maps

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